Ayer no he tenido un buen día.
Normal... Nosotros no podemos tener buenos días todos los días.
Aún no sé lo que he transportado al día de hoy el positivo del mal día de ayer.
Estoy reflexionando.
Creo que nunca me he visto en ciertas circunstancias...
Y me di cuenta de lo cuanto es importante es tener quien amas cuando lo necesitas.
Y esto me ha fallado en el día de ayer.
Quizás, esté fallando desde hace un tiempo, pero yo soy del tipo de persona que voy tirando.
Digo, repito, pero no soy pesada.
Y un día, cosas se van acumulando hasta que llego a mi limite.
De verdad, no me gusta llegar ahí. Porque entro en un estado de ánimo negativo y esto me afecta mucho y me afecta quienes están a mi alrededor.
Me molesta tener que abrirme con los demás, porque muchos me juzgan, sin tentar entenderme. Y no me gusta dar margen a la intolerancia de la gente.
Nadie sabe lo que pasa dentro de mi casa y de mi corazón.
Muchos (no todos, por suerte...), me juzgan por mis actitudes, pero no saben realmente lo que llevo dentro. No saben como me siento. No saben lo que es sentirse mal y no ver salida. No saben lo que es moverse y no ver resultados (aunque teoricamente, comprendo que los resultados tardan un tiempo en llegar y que de alguna manera, también me han pasado cosas buenas y que me han sorprendido, pero todo me llevó al más bajo de lo que imaginaba).
A veces, me cuesta entender el ritmo de la vida.
No sé lo que ella intenta enseñarme.
No sé lo que esperar...
Pero quizás sepa lo que debo cambiar, aunque no esté segura.
Tengo ganas de probar otras posibilidades, otros caminos que no aún no hemos intentado.
Me siento un poco reprimida, porque muchas veces, intento decir cosas, proponer cambios y la persona que amo no está abierta a ellos, llevando todo al otro margen, que es donde nunca pensé en llegar. Me hace daño. Le hago daño.
Pero no quiero que las cosas sigan tal como están porque me estoy agotando.
Y no veo mejoras... Y quizás, si hagamos a mi manera, la cosa puede que vaya mejor, si él me diera el espacio. Pero le cuesta.
Creo que hoy estoy en estado latente.
Pensando sobre lo de ayer. Pensando en lo que puede ser mañana y pensando que las cosas pueden ser de otra manera, sin saber si serán mejores o peores.
Oigo voces.
Pero no las quiero oir.
Estoy cansada de críticas. Creo que tengo que tomar mi camino y más adelante, si acierto, todos verán los resultados.
Lo que no quiero es estar siendo llevada por una onda en la cual no la elegí, y si, me han tirado ahí, como si yo no tuviera otra opción. Y sé que la tengo. Y la quiero.
Siempre he buscado mi superación.
Siempre he aprovechado todas las oportunidades que la vida me ofreció.
Nunca he desperdiciado mi tiempo.
Siempre he llegado donde quise, aunque esto me haya costado tiempo y movimiento.
La gran diferencia es que ahora tengo que considerar muchas cosas más. Y las considero.
Sé que tengo que cambiar mis defectos. Lo estoy intentando.
Pero me cuesta... Y costaría a cualquiera.
Y esto es algo que no sé si lograré.
Me controlo mucho y creo que por eso, tengo estos picos.
Si esto es parte del proceso de madurez, creo que me costará más de lo que yo imaginaba.
Y lo peor: no sé si lo lograré.
No sin ayuda...